Fantasía·Relatos Cortos

Ángel

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Kayla caminaba sobre el borde de la barandilla del puente que cruzaba la ciudad por encima del mar.

Observaba el agua bajo sus pies mientras sus lágrimas recorrían su rostro.

Nunca había entendido como había llegado a aquel planeta ni porque estaba allí.

Lo único que sentía era el dolor de los que la miraban constantemente con desprecio, asco o miedo…

Se rascaba continuamente la piel pues, sus poros no dejaban de abrirse y de ellos brotaban pequeñas plumas.

También le dolía la parte superior de la espalda; con el paso de los días le habían salido unas protuberancias en ella que se hacían cada vez más grandes.

Se paró observando el cielo azul y contó hasta tres antes de lanzarse al vacío.

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– ¡Kayla no lo hagas!

Una voz familiar captó su atención y miró atrás.

– Baja por favor.

El muchacho que la llamó tendió sus brazos para poder sostenerla.

Pero Kayla no se movió. Sencillamente volvió a observar al cielo.

Varios coches de policía aparecieron en el lugar y cortaron el paso por ese carril. Debido a la intervención policial, muchos de los transeúntes redujeron la velocidad de sus vehículos para poder ver que ocurría, por lo que se formó una retención en el puente.

– ¡Esa es la mujer que estamos buscando! – Informó uno.

– ¡No se acerquen a ella! – Gritó el muchacho. – ¡No ha hecho nada!

– Efrén. – Lo llamó la muchacha. – No tengas miedo. – Sin dejar de observar al infinito añadió. – Siento que debo hacer esto, algo me repite continuamente que nada malo me ocurrirá.

– Kayla morirás.- El muchacho lloró de impotencia.- Eso es algo malo.

Ella se dio la vuelta y le observó.

– No llores Efrén. – Sonrió. – Todo va a estar bien.

Kayla cerró los ojos y se dejó caer al vacío escuchado los gritos de Efrén alejándose.

No tenía intención de suicidarse, sino de comprender qué era y qué estaba haciendo en aquel mundo.

Sentía como si el corazón se le fuera a parar de lo rápido que latía.

Cuando el viento le rozó el rostro en el puente vio claro que la respuesta era tirarse, pero algo no iba bien.

La adrenalina la sumió en una falsa sensación de salvación, pero la realidad era que el impacto sería inminente y que ya era tarde.

Cuando pudo mínimamente ser consciente de a lo que la situación la conducía quiso inclinarse hacia abajo para entrar al agua con los brazos estirados por delante de su cuerpo, pero solo consiguió girarse de cara al agua.

Se revolvió en el aire mientras se decía no repetidas veces.

Sin embargo, en un vano intento por sobrevivir y luchar contra la muerte, algo milagroso sucedió.

Las protuberancias de su espalda se abrieron paso a través de su piel, rompieron su camiseta y se alargaron varios metros. Se escuchó un grito de dolor en el puente y los agentes se acercaron a ver que había sucedido.

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Efrén observaba desconsolado el mar buscando a su amiga y fue entonces cuando observó aquellas dos alas que brotaron de la espalda de Kayla.

La sangre que derramaron al estirarse impregnó el cuerpo y la ropa de la muchacha y antes de que impactara contra el agua, consiguió batir aquellas enormes alas y se elevó poco a poco con dificultad.

Un gran número de plumas caían al mar cada vez que estas se movían para elevar a Kayla.

Moverlas era desgarrador, sentía como los huesos en la espalda se agitaban y herían el resto de su columna, pues no estaban habituados a ocupar ese lugar. Solo podía pensar en tomar tierra y descansar.

Efrén la observó elevarse aleteando unas alas rojas que, a medida que se acercaban, se veían más y más grandes.

Una vez hubo alcanzado el puente, Kayla se apoyó sobre la barandilla y observó a los policías.

Estos se alejaron del borde del puente y observaron a la mujer alada con miedo y fascinación.

Los coches dejaron de moverse y varias personas comenzaron a salir de sus vehículos para observar a aquella criatura.

Era un ángel recién nacido, un ser espléndido que se alzaba ante los ojos de todas aquellas personas observándolos con cautela.

Kayla sabía que estaría en peligro si se acercaba a los agentes. Sus alas volvieron a batirse impregnado de sangre a los policías, a las personas más cercanas y a Efrén; a quien observó con una expresión tranquilizadora.

Se elevó más alto sintiendo el viento sobre su rostro y aleteó con dolor sus alas.

Ante la vista impotente de aquellos hombres y transeúntes, Kayla huyó a algún lugar donde pudiera estar a salvo.

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Fuente Imágenes: Pinterest – Etsy – Good News Unlimited – Deviant Art


WonderWriter

@IamWonderWriter


Gracias por la visita,
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“Ángel” is licensed under a Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0 International License

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