Amor·Relatos

Mármol IV [El Beso]

marmol 4

Aquella noche Rose le esperó como muchas anteriores. Pero esta vez, en lugar de quedarse junto a la ventana, se sentó sobre el diván, de espaldas a la puerta, para no verle en el momento en que él llegara.

Aunque en realidad nunca sabía cómo aparecía cada vez que entraba en la habitación.

La lluvia golpea el cristal de la ventana. Rose la observaba sentada sobre el diván mientras se acomodaba su dorado pelo.

La puerta se abrió y ella cerró los ojos pues, lo primero que él haría sería cubrirlos.

El hombre pasó la venda por los ojos de ella, pero Rose sostuvo sus muñecas y las acarició, dejando que la venda cayera al suelo. Acercó las manos de él a sus labios y besó las palmas de aquella criatura helada, la cual, una vez más, inundó el cuarto de un aroma hipnótico.

Rose abrió los ojos y observó aquellas manos. Unas manos fuertes y grandes que, sostenidas por las de ella, parecían inofensivas.

Intentó girarse, pero él no se lo permitió. Rose apoyo las manos de aquel hombre sobre sus hombros y se retiró el pelo descubriendo su cuello.

Pensó que él no se resistiría a morderlo, pero que antes de herirla la besaría como siempre hacía con su muñeca. Entonces ella sentiría mil terminaciones nerviosas estallando por todo su cuerpo que la dejarían inmóvil.

Damien retiró sus manos de los hombros de Rose y acarició con sus dedos los brazos de ella.

Rose cerró los ojos, la piel se le erizó y se mordió el labio.

Él hombre levantó a la muchacha y quedándose tras ella, la abrazó apresando su cuerpo entre sus brazos, entonces besó su cuello descubierto.

Rose no podía resistirse, quería entregarse a él, necesitaba que la hiciera sentir más que aquello.

Los movimientos de su secuestrador eran lentos a la par que deliciosos.

Continuaba sosteniéndola con firmeza mientras besaba su cuello con delicadeza y suavidad, y en ningún momento perforó la piel de la muchacha.

Rose dejo caer la cabeza hacia atrás. Necesitaba rozar sus labios con los de él. Quería besarle desde que le había visto aquella tarde en la piscina.

El hombre dejó de besarle el cuello, acarició la mejilla de ella con su nariz y finalmente posó sus fríos labios sobre los de ella.

Los latidos de Rose se aceleraron desenfrenados.

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Se besaron frenéticamente, entonces Damien giró a Rose ya la abrazó contra sí mismo.

Abrazados y fundidos en un beso lleno de intensidad y deseo, Rose no podía sentir los latidos del corazón de Damien.

Se olvidó incluso de que era una criatura y no un humano, y ni siquiera abrió los ojos para verle. Podía ver el rostro de aquel hombre, que había visto horas atrás, pegado al de ella sin siquiera abrirlos. También sabía cómo era su cuerpo. Acariciaba su torso vestido con una fina camisa, mientras disfrutaba sintiendo como él la sostenía, entonces lo abrazó de la misma manera que él lo hacía con ella.

Pero los colmillos de Damien cortaron la lengua de Rose y la sangre brotó.

Él ejerció más fuerza sobre ella apretando su pecho e impidiéndole casi coger aire. Rose intentó soltarse. Abrió los ojos pues Damien empezó a temblar y este alejó su boca de la de ella, después la soltó y se alejó.

Fue entonces cuando observó la realidad de aquella criatura; unos ojos inyectados en sangre la observaban decididos a morderla. Un rostro demacrado que sufría al contenerse de alimentarse de tan anhelado líquido. Y unos largos y puntiagudos caninos manchados por la sangre de Rose, aquellos que habían herido continuamente su muñeca desde que habitaba en aquel castillo.

Sintió un profundo miedo al verle de aquella manera.

Damien se apartó resistiéndose a morderla y se cubrió la cara.

Ante aquel rechazo a herirla, el corazón de Rose se calmó instantáneamente y olvidó el miedo que había brotado en su pecho. Recordó el beso que hasta hacía pocos segundos derrochaba pasión por parte de ambos, y observó las cicatrices de su muñeca, estas eran la prueba de que él necesitaba el alimento que ella le proporcionaba y que nunca había intentado matarla.

Cogió del suelo la cinta con la que él le cubría los ojos, se acercó a Damien y entregó su muñeca herida junto a la cinta.

Damien observó a Rose y sus intenciones, supo perfectamente lo que ella quería que hiciera y este, ante la imposibilidad de reprimir sus instintos depredadores, tapó los ojos de la muchacha y bebió de su muñeca, no sin antes besar su piel una vez.

Quizás utilizaba la cinta porque no quería que Rose le viera de aquella manera. La imagen de una criatura descontrolada y mortífera. Rose contuvo el dolor y esperó hasta que Damien se vio saciado.

Cuando él dejó de perforar la piel de ella, esta inspiró y exhaló profundamente, tranquilizándose porque el dolor cesaba gradualmente.

Se sentó sobre el diván y esperó a que Damien se marchara. Pero él no lo hizo, tomó la mano de Rose para que se levantara, le descubrió los ojos y dejó que ella le observara.

Que observara un rostro tranquilo, cuyas pupilas se colorearon de un marrón muy oscuro y cuyas facciones volvieron a ser calmadas. Un rostro que la observaba con el mismo deseo con el que ella lo miraba a él.

Sostuvo la mano derecha de Rose y la posó sobre su fina camisa, seguía sin sentir sus latidos, pero aquello era ya irrelevante. Sus fuertes brazos la atraparon y su humano corazón volvió a acelerarse; estaban tan cerca, el aroma era tan intenso, la atracción era tan fuerte…

Rose se acercó a los labios de Damien y los besó; pequeños besos que no incluían cortes en su lengua y que la hacían sentir infinidad sensaciones por todo el cuerpo. Su fino vestido la permitía sentir el helado cuerpo de él, su piel se erizó y su respiración se aceleró.  Y a pesar de los inexistentes latidos de Damien, su respiración era acelerada, su cuerpo reaccionaba al de ella y su deseo era más que evidente.

Pero los besos no fueron suficientes, Rose desabrochó la camisa de Damien y se la quitó. Besó su torso y este volvió a buscar sus labios. Se observaron unos segundos envueltos en un frenesí de emociones y deseo, y cuando Rose se acercó y besó de nuevo los labios de Damien…

… perdió el conocimiento.

Inspirada gracias a la melodía: Alina Baraz & Galimatias – Unfold

Fuente Imagen: Mármoles

Escultura: El rapto de Proserpina


 

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