Fantasía·Relatos Cortos

Etéreo

Bajo las ramas de un árbol, Kira apoyó su bastón y se sentó en la hierba. Había caminado horas sin parar bajo la lluvia y estaba exhausta.

Se preguntaba por qué sus poderes curativos no la ayudaban cuando se encontraba tan agotada.

El silencio del lugar era revitalizante; únicamente se escuchaba el sonido del viento rozando la hierba y el correr del agua en un riachuelo donde, minutos atrás, se había abastecido de agua.

Kira había nacido con muchas dificultades, dando a luz de ella, su madre murió. Los ángeles la tocaron recién nacida y con ello le concedieron el don de la cura y la protección.

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Un sonido la alarmó.

Unas pisadas no muy lejanas a su situación se aproximaban, eran galopes junto a una respiración exhausta.

El olor a corcel invadió la zona.

‘¿Un centauro?’, pensó.

Cogió su bastón y se preparó para el inminente encuentro. Aunque estaba nerviosa no temió pues conocía hechizos de magia sagrada que podrían ayudarla si se veía en apuros.

Extendió sus brazos e invocó la luz a su alrededor. Destellos comenzaron a rodearla.

El galope se hizo más intenso y justo cuando pensó q la arrollaría, el corcel tropezó y cayó desplomado al suelo.

Kira lo contempló inmóvil durante un rato. Pero su instinto curativo se despertó y sintió que debía ayudarle.

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– Caballero.- Dijo al centauro.- ¿Está consciente?

Al acercarse a él, las gotas de lluvia volvieron a caer con intensidad.

La muchacha observó cómo reaccionaba la piel de aquel extraño cuando la lluvia lo tocaba. Tanto su mitad animal como humana centelleaban cuando la lluvia caía sobre ellos.

Decidió revisarlo sin tocarlo y atisbó que dos de sus patas estaban heridas, además de su pecho, pues estaba ensangrentado. Tenía también rasguños en los brazos y el lomo.

Necesitaba ver todo su pecho ya que, al no saber dónde se encontraba la herida, no podría sanarlo. Así que acerco su mano con la intención de voltearlo.

– ¡No!

Ella se apartó.

– No debes tocarme. – Jadeó la criatura.

– ¿Puedes moverte? Solo así podré saber cuál es la gravedad de tus heridas.

– Déjalo. Las heridas son profundas.- Consiguió decir.- Ninguna medicina que tengas podrá ayudarme.

– Eso no lo sabes.

Kira sabía a lo que se exponía si aquel animal descubría su Don. Pero debía hacerlo. Su hora todavía no había llegado.

– Si puedes, levántate. Yo puedo ayudarte.

– Déjame morir.

– ¡No!- Contestó.- Debo ayudarte, así se ha escrito.

La criatura continuó sin moverse, únicamente cerró los ojos y dejó de hacerle caso.

La lluvia se intensificó, al igual que las chispas en el cuerpo del centauro. Aun así Kira no se rindió.

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Lo agarró con fuerza y le levantó el brazo muerta de dolor por el azote de la corriente.

A duras penas consiguió ver la herida que tenía en el pecho y dejó caer la extremidad de la criatura.

– ¡Insensata!- Le gritó.- ¡Podrías haber muerto!

Kira se cayó de rodillas y observó sus brazos heridos. El corazón le latía muy rápido y sentía calambres por todo el cuerpo.

Era la hora de que aquel ser descubriera su poder, ya que poco a poco la piel de sus brazos y manos comenzaron a regenerarse.

– ¿Quién eres tú?

Kira se quedó en silencio.

– ¿Eres una sanadora?

Sin decir una palabra, acercó sus manos al pecho del centauro. La luz comenzó a rodearla y de sus manos emanó un resplandor que aportó calidez a las heridas del extraño, a la vez que estas sanaban sin dejar apenas cicatrices. Separo su mano derecha y la acercó a una de las patas para repetir el proceso.

Minutos más tarde el corcel se levantó lentamente, sin magulladuras ni heridas, y Kira se desplomó sobre el suelo, exhausta.

La lluvia cesó un rato después y cuando la criatura pudo sostener a la muchacha sin herirla, se adentró -con ella en brazos- entre los árboles, para resguardarse de cualquier caminante que pudiera pasar por allí.

La apoyó sobre la hierba y poco después Kira recobró sus fuerzas.

– ¿Me dirás tu nombre? – Preguntó después de un largo rato de silencio.

– ¡Me llamo Ray! Soy un centauro de la llanura oscura.

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– ¿La llanura oscura?- Ella se estremeció y sintió la necesidad de alejarse. Pero por alguna razón no lo hizo.

– Estas asustada.- Afirmó él sin mirarla.- Puedo olerlo.

Ella no contestó. Intentaba comprender porque había sanado a ese centauro si procedía de un lugar tan siniestro.

– Siempre se habla de la llanura oscura como la tierra de los asesinos. ¿Vas a matarme?

– No.- Contestó con rotundidad.

– Entonces, ¿por qué estás aquí? – Inquirió finalmente ella.

– Porque recibí una orden de los ángeles…


Gracias por la visita

summer

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3 comentarios sobre “Etéreo

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