Fantasía·Relatos

La Travesía ~ Aqua

Una caminante aparentemente humana, pero protegida por el elemento del agua, atravesaba solitaria el Bosque Perenne.

Un bosque completamente vivo y lleno de riquezas que aportaba a cada criatura que lo habitaba, o que se adentraba en él en busca de ellas.

No hacía mucho tiempo, lo habían invadido los habitantes del ártico, seres primitivos con el corazón congelado. Se movían por instinto y guiados por su reina. Acechaban en silencio desde las sombras, cautos de no helar ninguna rama que pudiera advertir a aquella muchacha de su presencia.

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Narel caminaba con pasos ligeros y sin vacilar. A pesar de las advertencias en el pueblo del Eucalipto, atravesaba el bosque ya que era el camino más corto para llegar a la villa del Roble.

El sol iluminaba su rostro y calentaba su frío cuerpo, pues el rocío de la mañana se filtraba hasta sus huesos.

Narel; humana que había sido bendecida con el don de manipular el agua, debía mantenerse hidratada, ya que, sin agua en su cuerpo sería incapaz de invocar aquella vital masa acuosa. Portaba una bota con agua, colgada de la cintura, de la que bebía pequeños tragos continuamente.

Llegó a un tramo de bosque en el que las copas de los árboles no permitían filtrarse los rayos de sol, el frío se hizo más atenuante y el verde más espeso.

Empezó a temblar inconscientemente y pocos pasos más adelante, unos ruidos la sobresaltaron. Agarró la bota con decisión, preparada para defenderse en caso de ser amenazada. Dio un par de pasos más y las criaturas heladas descendieron de los árboles y salieron entre los matorrales.

Narel dio un paso atrás, estaba rodeada. Sin embargo, aquellas criaturas -humanos que caminaban con sus piernas y brazos- no intentaron atacarla, únicamente se movían alrededor de ella.

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Poco después, de entre las sombras del bosque apareció un ser extraordinario, una mujer blanca como la nieve –al igual que sus ojos-, con la tez helada y el cabello largo y grisáceo. Iba cubierta con la piel de un oso polar y en sus manos, en vez de uñas, tenía garras.

Nanuk elevó una de sus manos y las criaturas dejaron de rodear a Narel. Entonces heló cuanto tenía al alcance dejándola rodeada de una capa de hielo que le impedía huir.

Nuestra caminante no podía parar de temblar, en un duelo entre el hielo y el agua, ella tenía las de perder. En cuanto invocara el agua esta se helaría y no le causaría el mínimo efecto. Se mantuvo firme e intentó dialogar con Nanuk:

– ¿Qué quieres de mí?

Pero Nanuk no contesto, chasqueó los dedos y un bloque de nieve salió despedido en dirección a la caminante. Narel alzó los brazos e invocó las aguas, pero el muro que levanto no pudo ni contener mínimamente el bloque helado.

Atravesó la cortina de líquido y la golpeó el pecho. El agua cayó sobre ella y junto con el frío que había a su alrededor tembló todavía más.

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– ¿Por qué haces esto? – Se levantó con dificultad.

– Este bosque nos pertenece, eres una intrusa y deberías estar aquí.

– Este bosque es de todos.

– Fue de todos, ahora es nuestro.

Narel se dio la vuelta e intentó trepar por aquella barrera de hielo que la impedía salir.

– Es ridículo que intentes, si quiera, resistirte. Tu dominio sobre el agua es inútil aquí. Morirás congelada.

Nanuk creó una ventisca moviendo los brazos en círculo, giró sus manos y el aire gélido se movió en dirección a Narel. Estaba pérdida. Se dio la vuelta y se quedó inmóvil. No tenía forma de vencer, si se le ocurriera invocar el agua sólo daría ventaja a su adversaria.

La ventisca la rodeó y el frío la paralizó poco a poco. Agujas heladas se clavaron en su piel hasta llegar a sus huesos, sentía un dolor inmenso y punzadas paralizantes por todo su cuerpo. Era insoportable.

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Decidió aceptar su destino, moriría congelada en aquel lugar. Y Nanuk le arrebataría el don de dominar el agua. Inmóvil en medio de aquella ventisca rezó porque el dolor cesara pronto y su alma pudiera ser libre.

Sin embargo, el hielo empezó a derretirse muy despacio. Sintió como el agua resbalaba por su piel. Un calor extraño calentó el frío que la rodeaba y empapó su cuerpo. Dejó de sentirlo paralizado y se cayó al suelo derrotada por la debilitación y el frío.

Algo había sucedido….


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summer

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