Fantasía·Relatos

Cuatro Elementos ~ (Cuatro Milagros)

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España 14:45

Vigo

Sara estaba muerta, se había esfumado. En un abrir y cerrar de ojos, Raquel dejó de ver el cuerpo de su amiga lleno de vitalidad para observarlo sobre la arena, inerte, frío y pálido. No era capaz de quitarse aquella imagen de la cabeza, aunque el cuerpo de Sara estuviera cubierto.

Pasaban los minutos, a una lentitud considerable, y la unidad que se la llevaría no llegaba. Raquel no soltaba la mano de su amiga e intentaba no apartar la vista de ella puesto que en la playa, la gente no dejaba de observarlas.

Los padres de Sara, a lo lejos, descansaban sobre dos tumbonas; la madre drogada a base de calmantes y el padre, en shock.

La marea subía a una velocidad impropia. Hacía apenas una media hora que Raquel había arrastrado a su amiga hasta la arena y el agua no la tocaba, y ahora prácticamente las olas alcanzaban su cintura y cubrían totalmente las piernas de Sara.

Se fijó en ese detalle y observó alrededor.

– Agente.- Captó la atención de un policía.- La marea está subiendo muy rápido, la está cubriendo.

– No podemos mover el cuerpo hasta que no llegue el juez.

– Pero la arrastrarán las olas.

A lo lejos, el padre se levantó.

– Qué sucede con mi hija.

– ¿Disculpe? – El socorrista se dio la vuelta.

La madre se irguió como pudo y observó.

– Raquel está hablando con un policía.- Dijo al socorrista.

– Movámosla, no podemos dejar que el mar la arrastre de nuevo.- Insistió la muchacha.

– Debemos llamar al juez.

Los policías deliberaban sobre el tema mientras Raquel se aferraba el cuerpo de su amiga. El agua cubría ya, gran parte del cuerpo de Sara y lentamente retiraba de encima la toalla que la cubría.

– ¿Pero qué ocurre?

En cuestión de segundos, una gran ola cubrió a Sara y empapó completamente a Raquel, quien se levantó tosiendo.

– ¡Raquel!- Gritó el padre de Sara acercándose, como pudo, junto a su mujer.

– ¡¿Qué sucede ahora?!- Interrogó la madre.

– No lo sé, la marea está subiendo muy rápido. He avisado a los policías…

– Niña, ¡ya has hecho suficiente con mi hija!, ¡aléjate del cuerpo de una vez! Con el mar no se juega, ¡podías haber sido tú y no ella! ¡Seguro que tú la incitaste a nadar!

A Raquel se le encogió el corazón; la madre de su amiga estaba afirmando que esta, estaba muerta por su culpa. El marido la intentó calmar pero esta continuó escupiendo veneno hacia la pobre muchacha.

– Señora.

– ¡Cállate y lárgate de aquí!

– Estela, basta, no es culpa de nadie.- El padre tenía los ojos llorosos.

– ¡No me calmo!, quiero que se largue.

– Señorita salga de aquí.- Un policía agarró a Raquel y la alejó del lugar.

– Vamos; movamos el cuerpo.- Un par de policías se acercaron a la orilla para arrastrar el ya destapado cuerpo de Sara.

Pero este estaba bajo el agua ya, y las olas amenazaban a todo aquel que intentara cogerla.

– ¿¡Qué está sucediendo?!- Gritaba la madre.- Arrástrenla o se la llevará el mar.

– Las olas nos arrastran cada vez que nos agachamos para cogerla.

– ¿Pero que están diciendo?- Ella misma caminó hacia el cuerpo de su hija.

Una vez estuvo junto a Sara, se agachó y la agarró de los brazos. Se propuso tirar de ella y subirla hacia la orilla pero no vio lo que se acercaba. Los policías intentaron ayudarla pero una ola rompió en la orilla y los arrastró a los tres; la madre de Sara no pudo seguir agarrándola y salió despedida hacia la arena, empapada no dejaba de toser.

– ¡Ester!- Gritó su marido y corrió junto a ella.

El cuerpo fue entonces arrastrado por el mar mientras desde la orilla los policías y paramédicos que ya habían llegado, junto con los padres, el juez y Raquel que se quedó atrás, observaban impotentes la situación.

Bajo el mar, esta se hundía más y más. El agua empezó a apretarla y el cuerpo de Sara poco a poco expulsó el líquido que se le había quedado en los pulmones. Bajo el mar, la masa la zarandeó y azotó hasta que finalmente los ojos de Sara se abrieron. Consciente de todo, volvió a experimentar la misma asfixia que la última vez. Entendió que seguía en ese preciso instante luchando contra un remolino, pero no sintió el mar moverse con furia. Intentó nadar hacia la superficie pero no fue capaz.

Poco a poco, una vez más en la orilla, el mar depositó un cuerpo. Sara estaba boca abajo, la madre corrió hasta ella y los policías se acercaron. Tiraron de su cuerpo hasta donde el agua no la alcanzaba ya. Y el juez se acercó, puso su dedo corazón e índice sobre la yugular de Sara y frunció el ceño.

– ¿Dijeron que estaba muerta?- Interrogó.

– Sí.- Afirmaron los padres.

– Un paramédico.- Llamó.- Chequéela.- Dijo levantándose.

Hizo lo mismo que el juez y frunció el ceño, después buscó el pulso también en sus muñecas.

– ¿Qué es esto? – Comentó moviendo una especie de cortes que tenía en ambas articulaciones.

– ¿Se ha cortado? – Observa un agente.

– Parecen…- Vuelve a moverlos.- Branquias.

– ¡¿Que está diciendo?!- Exclama la madre.- Basta ya, dejen de jugar con el cuerpo de mi hija, ¿Qué sucede? ¡Explíquenmelo ya!

– Esta muchacha tiene pulso.- Afirma el paramédico.

Las caras de asombro alrededor no pueden pronunciar palabra, llevaba más de una hora muerta. Cómo podía tener pulso.

Raquel se acercó al socorrista.

– ¿Está viva?- Pregunta ella en voz baja. El muchacho asiente.- Dios mío, es un milagro.

– Vamos a llevarla al hospital.- Comenta el paramédico.

– Dios mío Ester, está viva.

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Corea del Sur 22:45

Busán

Seunghyun bajó del vehículo nuevamente y se dirigió al oficial de policía.

– Nos llevaremos a su mujer al hospital, allí realizarán la autopsia.

– Bien.- Contestó el marido sin ánimo.- ¿Qué hay de la casa?

– Según el informe de los bomberos; no se caerá. Pero los elementos del inmueble han sufridos graves daños. Me temo que poco queda que recuperar. Necesitará una buena reforma.

– De acuerdo

La casa carecía de importancia ya, el hogar que había construido junto a su mujer se había esfumado en cuestión de segundos junto a ella. Los recuerdos de un matrimonio insulso habían quedado sepultados bajo las cenizas de los objetos que ambos habían adquirido para el hogar.

Se sintió, incluso, aliviado. Esbozó una agria sonrisa.

– ¡Seunghyun! – Escuchó su nombre a lo lejos.- Hijo, porque no te vienes a nuestra casa, no tienes donde ir.

– Señora Lee. He llamado a uno de mis compañeros. Dejará que me quede y podrá prestarme ropa.

– Tienes ropa en nuestra casa también. Por favor.

– Estaré bien, no se preocupen por mí.

– Claro que nos preocupamos hijo, además…

– Le ruego.- La cortó.- Que no dediquen su atención a su yerno, si no a su propia hija.- Señaló la camilla.- Debemos preparar el funeral.

La mujer se dio la vuelta y observó de nuevo la camilla donde yacía su hija. Claro que tenía pena por ella, pero ahora que había muerto, perderían la exclusividad de pertenecer a una familia de médicos.

– El agente me ha informado de que se la llevarán al hospital para hacer una autopsia.

– Hijo…

– Iremos en mi coche y una vez nos informen les dejaré en casa.

El Señor Lee caminó en dirección a la camilla. Siempre apoyó en todo a su mujer, pero en aquel momento dudó de si aquellas dos personas realmente estaban sintiendo lo que estaba sucediendo. La pérdida de una hija y una esposa.

– Seunghyun, mañana no deberías trabajar; si preparamos el funeral, creo que la mejor idea es que te quedes con nosotros. Al final la familia es lo que queda.

– Ya está decidido señora Lee. – Señaló la camilla.- Vaya con su marido, he de hacer unas llamadas.

El señor Lee, observaba impotente la bolsa en la que se encontraba su hija. No pensaba en nada ni expresaba ninguna emoción y tampoco derramaba ninguna lágrima. Solo observaba.

– Él no vendrá a casa. Prefiere estar con algún compañero del hospital.- Comentó su esposa con una pizca de furia en su afirmación.- ¿Qué haces?, debemos subir en su coche. ¡Los médicos! – Gritó hacia la ambulancia.- ¡Van a dejarla aquí!

– Tu hija ha muerto.- Se giró su marido.- Es que no te importa.

La mujer lo miró anonadada y acto seguido le propinó una bofetada.

– Como te atreves a decir eso. ¡Es mi hija! – Se volvió a los de la ambulancia.- ¡Métanla dentro!

Los señores caminaron hacia el coche de Seunghyun. Este los observaba desde dentro y les hizo un gesto para que entraran.

– Bien, cojan la camilla.- Dijo uno de los paramédicos al resto, una vez terminó de hablar con el agente de policía y jefe de bomberos.

– ¡Sí!

Sin embargo, del incendiado cuerpo de MinJee empezaron a brotar las llamas, bajo la bolsa que la albergaba, el fuego quería abrirse paso.

Los dedos se cubrieron de pequeñas llamas que avanzaron por los brazos hasta el pecho, donde colisionaron y crearon una llamarada todavía mayor. Esta empezó a quemar el plástico de la bolsa y dejar salir las llamas por encima de este. El fuego se extendió por su torso, su cabeza y sus piernas.

– ¡Fuego! – Gritaron los paramédicos.

– ¿Qué está sucediendo ahí?

Policía y bomberos se acercaron a la camilla.

– Es el cuerpo de la fallecida.- Informaron los médicos.

– Enfríen esa camilla.- Ordenó el policía.

– ¿Qué sucede ahí fuera?- Observó el padre de Minjee.

Seunghyun giró la cabeza e inmediatamente salió del coche. Tras él, los padres de su esposa.

– ¿Qué está sucediendo? – Interrogó el marido a los policías.

– Escuchamos que había fuego y cuando nos giramos la camilla estaba ardiendo.

– ¿Cómo?

– Íbamos a meterla en la ambulancia para llevárnosla y la hemos encontrado así.

– ¡Mi hija!- Gritó la señora Lee agarrándose a su yerno.

Los bomberos acercaron la manguera hacia la camilla y apuntaron al cuerpo incandescente de Minjae.

– Tened mucho cuidado.

Una vez accionaron el agua y esta colisionó con las llamas, el fuego creció y la gente que lo rodeaba tuvo que alejarse con rapidez.

En el centro de las llamas, Minjee movió las articulaciones lentamente y cuando sintió de nuevo el calor sobre su cuerpo abrió los ojos. Entonces gritó, el plástico de la bolsa se le pegó completamente al cuerpo y no podía levantarse. Sufría; el dolor era infinito y pidió morir o que se pudieran apagar las llamas, pero que aquello finalizase.

– Minjee.- Dijo su padre.

– No puede ser.- Susurró Seunghyun.

Le dolía de una forma descomunal pero así como empezó acabó. El fuego amainó poco a poco y se terminó consumiendo sobre el cuerpo de la mujer. A medida que observaban aquel fenómeno, los médicos, bomberos, la policía, los padres de Minjee y su marido no daban crédito.

Entonces ella inhaló aire muy fuertemente y con los ojos abiertos susurró:

– Ayúdenme.

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Brasil 11:45

En algún lugar del Amazonas

En mitad del espeso bosque amazónico, Philipa lloraba desconsoladamente por su novio quien yacía sobre la tierra y apoyado sobre sus pernas. Abrazaba su cabeza como si ello pudiera hacerle regresar.

Philipa no dejaba de culparse por el accidente de Paulo, susurraba una y otra vez que era su culpa; que ella lo había matado.

Los guardas forestales la observaban y se miraban los unos a los otros.

– Unidad de salvamento, me recibe.- Se escuchó a uno intentando establecer conexión.

Al otro lado solo se escucha un ruido y nadie contestaba.

– Unidad de salvamento.- Repite este.

– ¿Qué sucede?

– No hay señal al otro lado.

Philipa levantó la cabeza y observó a los guardas. Pero algo extraño sucedía por encima de ellos, esta frunció el ceño y escrutó, esta vez, las copas de los árboles. Espesas como el primer momento en que las vio, ahora parecía que sus ramas y hojas hubieran crecido todavía más. Los rayos del sol caían sobre ellos con dificultad, el bosque los ocultaba a una gran velocidad.

– Las hojas de los árboles.

– ¿Qué dice señora?

– ¿Qué sucede con los árboles? – Pregunta.

Los guardas observan por un momento.

– Hay menos calidad ahora.- Continuó ella.- Parece como si los árboles nos estuvieran ocultando.

– Señora, las plantas no crecen a ese ritmo. No han pasado ni dos horas.

– Pero antes no estaban así.- Concluyó bajando el tono.

Una vez más intentaron ponerse en contacto con la unidad de salvamento aéreo, pero las insistencias no daban sus frutos. El ruido continuaba al otro lado.

– Si ella está en lo cierto, quizás debemos buscar una zona más abierta para establecer conexión.

– De veras estas creyéndote eso.

– No, solo digo, que la realidad es que las copas pueden interferir en la señal.

– Busca un claro entonces, y hazlo rápido. No debemos perderlos, el helicóptero podría cesar en la búsqueda.

– ¡Sí!

Poco después se difuminó en el camino y desapareció entre las plantas.

– Pero con esta densidad, necesitaremos mover el cuerpo hasta una zona donde el helicóptero pueda cogerlo.

– ¿Cómo lo subiremos del agujero Señor?

– Necesitaremos que nos proporcionen más material del que disponemos aquí.

Los rayos de sol se desvanecieron y las ramas cubrieron toda la zona. Entonces fueron los mismos guardas los que observaron las copas de los árboles.

– Esto es muy extraño.- Comentaron.

Philipa, que no dejó ni un solo segundo a Paulo, al escuchar aquella afirmación levantó de nuevo la cabeza. La naturaleza había creado una muralla entre ellos y el exterior. A una velocidad vertiginosa y sin aparente explicación.

Observó las ramas entre las que se encontraba junto al cuerpo de Paulo, pero no halló nada extraño. Inspiró profundamente y con los dedos peinó el cabello del hombre hacia atrás. Observó, después, su cuerpo inerte y sus manos; las cuales se habían enterrado de nuevo.

Tiró de un brazo hacia arriba para sacarla y se encontró que de esta brotaban raíces, las cuales eran largas y profundas, ya que cuando le levantó el brazo no se rompieron.

Soltó un grito que captó la atención de los guardas.

– ¿Qué sucede ahí abajo?

Ella se alejó del cuerpo y este, al quedar en contacto con la tierra empezó a hundirse en ella; primero las manos, las cuales, las raíces las volvieron a enterrar y poco a poco las piernas, el torso y la cabeza se hundieron.

– ¡Paulo! – Philipa se acercó a él y removió la tierra para desenterrarlo.

– Señora.- Los guardas descendieron al agujero.

Otro grito de Philipa; las ramas la estaba arrastrando a ella esta vez. Se hundía en la tierra con Paulo. Al desenterrarlo sus dos manos habían quedado atrapadas. Gritó desesperada en busca de ayuda pero los guardas no pudieron tirar de ella para ayudarla a salir.

Una vez bajo tierra; mientras Philipa se quedaba sin aire, Paulo tomó consciencia. No podía abrir los ojos, ni podía respirar, sentía como si un centenar de hilos salieran de su cuerpo y tiraran de él hacia abajo. Prácticamente inmóvil y sepultado, abrió y cerró los dedos en un intento inútil por sobrevivir. Dos objetos, como dos finos palos se colaron por sus fosas nasales hasta su tráquea y pulmones. Sintió dolor, mucho dolor e intentó gritar o moverse.

Philipa había perdido la vida intentando desenterrarlo, mientras unas diminutas raíces se colaban en el sistema respiratorio de Paulo limpiando la tierra que se había colado y dejándole las pulmones limpios.

Este perdía el conocimiento lentamente mientras emergió de la tierra. Y una vez dejó de sentir el peso, abrió los ojos súbitamente e inhalo aire tosiendo bruscamente. Repitió las inspiraciones intentando recuperar el ritmo de respiración pero tosía y se le entrecortaba el aire.

– Señor.- Gritaron los agentes forestales.

El compañero que había buscado un claro entre los árboles para poder comunicarse había llegado y confirmó las instrucciones del helicóptero para el rescate.

– Debemos movernos Señor.- Apremió al líder.

– ¡Necesitamos material! Guzmán, vaya con él y tráiganlo.- Gritó a ambos para que pusieran rumbo al helicóptero.

– Señor.- Se dirigió a Paulo.- Intente calmarse y respirar con normalidad.

Entonces se dirigieron al cuerpo de Philipa.

– Capitán.- Uno de los hombres captó la atención de este.- La mujer ha muerto.

– ¿Cómo?

Paulo giró la cabeza como pudo y observó a su lado, el inerte cuerpo de su novia.

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Estados Unidos 13:03

Nueva Jersey

En las afueras de la ciudad, una muchacha caminaba con el teléfono en la mano.

Los medios nuevamente informaron de que el peligro había pasado, las ciudades de la costa como Nueva Jersey estaban inundadas e informaban a su vez del número de fallecidos.

La mujer se quedó de piedra al ver el nombre de uno de los agentes fallecidos; Kate Blair, su hermana.

Rápidamente salió de la pantalla de Internet y buscó entre sus contactos.

– Mamá.- Llamó alterada a su casa.

– Yoana ¿dónde has estado?

– Mamá escucha…

– ¡No has llamado!, estábamos en alerta por un huracán y estás desaparecida.

– ¡Mamá! Déjame hablar.- La muchacha se alteró más.

– ¡¿Qué sucede?!

– Es Kate.

– ¿Tú hermana? ¿Está contigo?

– Ha salido en las noticias su nombre.- Se le cortó la voz.- Entre los fallecidos de Nueva Jersey.

– ¿Cómo?

Yoana escuchó un golpe al otro lado del teléfono.

– ¡Mamá!

– Querida he escuchado un ruido, ¡querida!

– ¿Mama que sucede?

– ¿Kate?

– ¡Soy Yoana papá!

– ¡¿Qué le ha pasado a tu madre?!

– Mirad las noticias, Kate sale entre los fallecidos de Nueva Jersey.

– Yoana, ¡¿qué estás diciendo?!

Pero esta no escuchó a su padre; colgó el teléfono y continuó escuchando las noticias mientras cogía el coche para ir hacia donde, se suponía, estaba su hermana.

– Capitán Mathew.- Una agente se acercó a él.- Los medios están informado del número de fallecidos y se está dando nombre de aquellos que están identificados.

– Necesitamos más unidades que se los lleven desde aquí hacia el hospital.

– Sí, Señor.

A pocos kilómetros de donde se encontraban los cuerpos de seguridad, Yoana se vio obligada a bajar del coche y dejarlo atrás.

El agua le llegaba hasta los tobillos y, sin darle importancia, corrió todo lo que pudo en busca de su hermana.

– Señorita, ¿Qué hace aquí? No puede estar aquí.

– Déjenme pasar, mi hermana está ahí.

– No podemos dejarla pasar.- Un par de hombres la agarró impendiéndola avanzar.

– Por favor, he escuchado que está muerta.

– Se evacuará a todos los fallecidos al hospital, por favor, le recomiendo que vaya para allí. Las unidades están de camino.

– ¡No! Ha debido haber un error, necesito verificarlo, mi hermana trabaja con los cuerpos de seguridad ¡Déjenme pasar!

– ¿Cómo dice?

– Mi hermana es Kate Blair

Uno de los guardas la soltó y corrió hasta un grupo de agentes. Entre ellos el Capitán Mathew, el cual permitió su paso nada más escuchó quien era.

– No puedo permitirla estar aquí mucho tiempo.- Le dijo.

– ¿Es ella? – Yoana se preparó para lo peor.

– Sí.-Bajó la cabeza.- Lo siento mucho

– Dios mío, ¡Kate!

Yoana corrió hasta el cuerpo de su hermana tendido en el suelo, junto al resto de fallecidos.

– Kate, pero ¡¿Por qué?! .- Se arrodilló junto a su hermana mojándose las piernas.

El cuerpo de Kate estaba tendido sobre el asfalto y medio hundido en el agua. El Capitán Mathew se acercó a la muchacha y se puso de cuclillas a su lado.

– Mi más sincero pésame.

Yoana se giró hacia él.

– Intenté convencerla de que subiera a la unidad en la que patrullábamos, pero ella insistió en buscar a civiles.

Hizo una pausa y tragó saliva.

– Cuando, por enésima vez, le ordené que subiera. Se dispuso a hacerlo.

– ¿Cómo?

– Pero el viento arrastró un árbol que la atizó y se la llevó.

– ¡Oh dios!

– No pudimos hacer nada por ella, la tormenta ponía en peligro las vidas de todo el equipo y de los civiles que habíamos rescatado.

Yoana lloró de nuevo sobre el pecho de su hermana.

El Capitán Mathew se levantó concluyendo con un “lo siento” y dio media vuelta. Pero la preocupación se reflejó en sus ojos cuando observó a su alrededor.

– ¿Qué está sucediendo? – Pidió explicaciones al equipo.

– ¿Replicas Capitán?

– Nunca hemos presenciado tal cosa.

Ante las voces de los agentes, Yoana levantó la cabeza y un viento que soplaba violentamente empezó a cubrir la zona en la que ellos se encontraban.

Se empezó a arremolinar y sentía como la arrastraba, también a su hermana, a los agentes y fallecidos.

– ¿Qué sucede? – Gritó.

– ¡Pónganse a cubierto! – Gritó el capitán.

Se aproximó hacia Yoana y la agarró arrastrándola.

– ¿Qué sucede?

– No lo sabemos, debemos ponernos a salvo.

– ¡Kate!

– Ella ya no puede salvarse.

Los fuertes vientos terminaros arremolinándose sobre el cuerpo de Kate dando lugar a un tornado que poco a poco la elevó.

Desde lejos, Yoana luchaba por soltarse pero el Capitán aseguró que podría morir, así que sencillamente contempló el cuerpo de su hermana siendo engullido por el tornado sin poder hacer nada.

Dentro de este, Kate se elevó hasta alcanzar, por lo menos, unos 50 metros del suelo. A esa altura el aire que la absorbió se coló entre sus fosas nasales y su boca hasta sus pulmones, rellenando el aire en ellos, devolviendo las palpitaciones a su corazón y oxigenando su sangre.

A esta altura, Kate se despertó y sintió el zarandeo del viento sin poder controlarlo y sintiendo también un mareo y una desorientación enormes.

Y así como este extraño tornado se formó, se desvaneció dejando a Kate suspendida en medio de la nada y sin un apoyo. En cuestión de segundos sintió el vértigo de la caída. Gritó cuanto pudo pero perdió el sentido antes de sentir el golpe.

– ¡Kate! – Gritó su hermana una vez el tornado se desvaneció.- No es posible.

Antes de tocar el suelo, la muchacha paró en seco y cayó suavemente sobre el asfalto.

Minutos después, Kate abrió los ojos.

Por si te perdiste la segunda parte → Cuatro Elementos (Cuatro Muertes)


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