Fantasía·Relatos

Cuatro Elementos ~ (Cuatro Muertes)

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España 14:30

Vigo

La gente de la playa estaba entre expectante y asustada. Muchos se habían juntado para comentar lo que había sucedido.

Algunos hablaban de la posibilidad de que una persona pudiera haber muerto nadando, otras sobre un presunto corte de digestión.

Sea como fuere, un socorrista había entrado en el mar para salvar a una persona. Pero este salió del agua, minutos más tarde, sin éxito.

– ¿Dónde está?- Raquel corrió hasta el socorrista.

– No la he alcanzado.

– ¿Por qué ha vuelto sin ella?- La muchacha empezó a llorar.

– No puedo nadar más allá. Los remolinos me arrastrarían. La he buscado por los alrededores pero no la he encontrado.

– ¡Dios! – Raquel se llevó las manos a la cara y las lágrimas brotaron de sus ojos.

Su amiga estaba hundida en el mar y no habían podido salvarla. Ni siquiera la habían encontrado.

Se arrodilló sobre la arena, atónita, con la mirada perdida. Respiraba rápido y entrecortado. Los nervios se habían apoderado de ella y el corazón le latía muy rápido.

– He de avisar a la policía. Debes llamar a los padres de tu amiga.- El socorrista se agachó hasta estar a la altura de Raquel.

– Sí.- Asintió.

Una hora más tarde, el servicio de guardacostas buscaba el cuerpo de la desparecida Sara. En la orilla, los llantos desconsolados de una madre y la impotencia de un padre captaban la mirada de los bañistas.

La policía informaba de cada avance, que para mayor agobio, no estaba siendo muchos.

Raquel había estado rato atrás con los padres de Sara, pero la habían gritado, la tensión y los nervios eran tales que estos no pudieron más que cebarse con la muchacha. Ella rompió a llorar.

Lo siguiente que hizo, fue dejarlos atrás en el momento en que encontraron al socorrista, y esperar la fatídica noticia por parte de los guardacostas. Lloraba desconsoladamente en la orilla.

Pero el mar arrastró algo hasta donde ella estaba. Poco a poco las olas dejaban en tierra algo inerte. Cuando Raquel levantó la cabeza, abrió los ojos de par en par.

Sara estaba siendo arrastrada por el mar hacia la playa. El mismo ente que la engulló y la ahogó ahora la estaba devolviendo a la tierra.

Se levantó y corrió hacia ella.

– ¡Sara!.- Gritó.

Al escuchar ese nombre, ambos; padres de la muchacha y policía acudieron a la orilla donde Raquel lentamente acabó de arrastrar a su amiga.

Estaba fría y pálida, su boca no dejaba de expulsar agua y sus ojos estaban entreabiertos.

Su madre se acercó llorando desconsoladamente.

– Sara.- Gritaba. – Tú.- Señaló al socorrista.- Hazle la reanimación.

– Estela.- Dijo su marido, con voz ahogada.- Lleva más de una hora bajo el agua.- Contenía las lágrimas todo lo que podía. Pero no fue suficiente. Al final acabaron brotando.

– ¡Dios mío!- Le cerró los ojos.- ¿Por qué?- Dijo.- ¡¿Por qué?!- Acabó gritando.

– La unidad está de camino. Debemos taparla.

– No déjenla.- Su madre estaba teniendo un ataque de pánico.- Déjenla.- Gritaba y lloraba sin parar.

Tuvieron que llevársela para poder tranquilizarla.

Los policías cubrieron el cuerpo y no permitieron que nadie más se acercara. Al lado de la fallecida Sara, quedaba su amiga Raquel, la cual temblaba de miedo y era incapaz de asimilar la situación.

La mano izquierda de Sara, estaba destapada. Raquel la agarró y empezó a llorar.

¡Sara se había ido para siempre!

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Corea del Sur 22:00

Busán

Los bomberos terminaron de apagar las llamas cuando un coche llegó al lugar.

Un hombre salió de él y observó la escena, incrédulo y enfurecido. Su hogar había ardido.

– ¡Seunghyun!.- Escuchó que le llamaron.

Miró alrededor y encontró a los padres de su mujer.

– Señor y Señora Lee.- Se acercó a ellos.- ¿Qué ha sucedido?, ¿Dónde está MinJee?

– Hijo.- Comenzó la señora.- MinJee está dentro.- Se le escapó una lágrima.

– ¡¿Cómo?!- Él se alteró.

– Un escape de gas.- Continuó su suegro.- Es todo lo que sabemos. Están buscando a MinJee.

El hombre no contestó, se limitó a buscar alrededor a alguna persona que pudiera informarle de lo sucedido.

A pocos metros encontró a un oficial de policía.

– ¡Agente!- Gritó.

– Buenas noches, caballero.

– ¿Qué ha sucedido?, ¿Dónde está mi mujer?

– Están buscándola. Ha habido un escape de gas. Tan pronto los vecinos han visto el fuego avisaron a los bomberos y al servicio de policía. El fuego se ha propagado muy rápido, pero los cimientos están bien.

– ¿Cómo saben que MinJee está ahí dentro?

– Su madre nos lo dijo. Parece que alguna vecina la avisó del fuego. Cuando llegaron les interrogué. Me comentaron que habían estado hablando con ella hacía cuestión de minutos.

– No puede ser.- Observó la casa incrédulo.

– Deduzco que su mujer no se dio cuenta de que el gas estaba abierto, y al prender algún fuego…- Hizo un pausa.- ¿Su mujer fuma?

– No agente.

Pronto recordó, las continuas quejas de su esposa para que se llamara a un técnico. Se frotó la cara expectante.

Poco después una unidad salió de la casa con una bolsa del tamaño de una persona.

– Acercad esa camilla.

Extendieron en cuerpo sobre la camilla y avisaron al policía. Seunghyun se acercó también, y poco después los padres de MinJee.

– En que estabas pensado.- Susurró.- Por qué no has tenido más cuidado.- Seunhyun apretó su puño.

La madre de la muchacha se apoyó en el hombro de su marido sollozando. Por su parte, Seunhyun, abrió la cremallera de la bolsa que cubría a su mujer. Dentro, el cuerpo inerte de MinJee estaba quemado prácticamente por toda la cara, cabeza y hombros. No alcanzó a ver más, puesto que la cerró antes de que sus suegros se asomaran.

Dio media vuelta y observó de nuevo su casa.

Se alejó hasta su coche y se metió dentro, cogió su móvil y buscó la palabra; “BAE”. Para MinJee, aquellas eran las siglas de una unidad del hospital. Pero para él, al igual que para cualquiera que hubiera sabido inglés, era un apodo cariñoso. Un apodo que debería pertenecer a su mujer.

– Seunhyun.- Una voz femenina sonó tras el auricular.

– Sí, escucha. En una hora iré a tu casa.

– ¿También hoy?- La voz le hablaba sensual.

– No hables. Ha sucedido algo. Te lo contaré cuando llegue. No preguntes, ahora no puedo hablar.

– Vale, pero, ¿Va todo bien?, me dejas preocupada…

– YangMi.- Hizo una pausa.- No te preocupes, todo está… bien.

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Brasil 10:20

En algún lugar del Amazonas

Dos horas transcurrieron hasta que, Philipa, consiguió que una unidad de guardas forestales, se adentrara en el espeso bosque para rescatar a Paulo.

Primero encontró al resto de excursionistas y entre gritos y nerviosísimo, consiguió informar de que el muchacho había caído entre las ramas de los árboles y se había golpeado la cabeza, quedando inmóvil bajo un manto de tierra.

El guía pidió auxilio, pero la ayuda tardó en llegar.

La ansiedad crecía en ella cada vez más. Cuanto más tiempo perdiera, menos minutos de vida tenía Paulo.

Los excursionistas junto con el guía y Philipa, se desviaron de la ruta por la que estaban haciendo el recorrido para que los guardas los pudieran encontrar.

La gente observaba expectante, comentaban entre ellos y tenían caras de preocupación. Un muchacho había tenido un accidente y podía estar muerto. El bosque era más peligroso de lo que habían valorado.

El guía por su parte, contenía la rabia; dos personas de su grupo se habían alejado y una había resultado herida. Además el hecho de que el resto lo supiera no le haría bien a la compañía; una vez hablaran de la situación, la gente no se adentraría a visitar el bosque. Sabía que caminos eran seguros y por donde debían pasar, pero no pudo percibir que dos personas se habían escabullido.

Cuando llegaron los guardas forestales, se llevaron a Philipa con ellos. El resto aguardó hasta que estos se disiparon entre las ramas y guiados, volvieron de nuevo hasta el camino principal.

– Es por aquí, no falta mucho.

Philipa corrió hasta encontrar la ruta de aquellos árboles gigantes. Tardaron un buen rato en averiguar cuál fue el hueco en el que se cayó. Y no gracias a ella, quien no era capaz de distinguir en que cavidad estaba él enterrado. Sabía que sólo habían saltado un hueco grande entre las raíces pero, en aquel momento todo le parecía tan igual. Además los nervios se apoderaban cada vez más de ella, y no era capaz de distinguir.

Uno de los guardas hizo señales al resto, había encontrado sangre en una de las raíces.

– Puede que sea del muchacho.

– Señora.- La llamaron.- Creemos que puede estar aquí.- Uno de los hombres señaló el hueco debajo de las ramas.

Poco a poco bajaron y empezaron a mover la tierra.

Paulo no se había quedado tan enterrado como cuando lo encontraron. Removieron bastante tierra hasta que una de sus piernas empezó a sobresalir. La mujer ahogó un grito de horror y se quedó inmóvil. Poco después, desenterraron el ya inerte cuerpo el muchacho.

Philipa bajó junto al cuerpo de su novio y removió la tierra de su cara, sus fosas nasales estaban taponadas.

Lloró poco después al lado de Paulo.

– Hemos llamado a una unidad de salvamento, por suerte, han localizado nuestra posición y nos enviarán un helicóptero. – Informaron a la muchacha.

– Bien.- Contestó ella.

Acarició la mejilla de Paulo y susurró:

– Meu amor. Debí dejar que nos guiaras tú. Debí haber parado cuando me lo dijiste. Esto es por mi culpa.

Y lloró en silencio junto al cuerpo de su novio.

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Estados Unidos 11:35

Nueva Jersey

Tras horas de peligro, al fin los vientos y las lluvias habían cesado.

Los cuerpos de seguridad se duplicaron en busca de civiles, vivos o muertos. Los medios de comunicación informaban al resto del país, el peligro había pasado.

La ciudad de Nueva Jersey estaba destrozada, el agua aún no se había vaciado del todo en las calles, no había electricidad y las vallas, semáforos y señales estaban tirados por todas partes.

Las perdidas eran importantes, pero ante todo, lo que se buscó incansablemente, fue a los ciudadanos.

– En Nueva Jersey hemos perdido a una agente.

Una unidad de seguridad avanzaba por la costa.

– Estábamos rescatando a cuatro civiles. Estaban ya todos dentro de este mismo vehículo.

El Capitán Matthew, fue avisado de la localización de nuevos cuerpos. Dejó su grabadora y salió del vehículo.

– Tenemos a una mujer.- Comentó una agente.- Estaba atrapada bajo los escombros de un edificio.

– Con esta ya van seis.- Dijo.

Recogieron el cuerpo y lo metieron en el vehículo.

– La agente Blair se negó, en un principio, en subir al vehículo. Quería buscar más civiles…- Continuó el capitán.

– Hemos encontrado a un niño.- La agente lo interrumpió.

– Un niño.- Salió de nuevo.

– Es un varón de unos 10 u 11 años. Una señal de tráfico lo arroyó, tiene una enorme herida en la cabeza.

Tras recoger al niño, prosiguieron.

– Ordené a la agente Blair a que se subiera a la unidad. Y cuando estaba a pocos pasos de subirse. El troncó de un árbol se cruzó en su camino y la expulsó por el aire. El viento y las olas ponían en peligro nuestra vida y la de los civiles. Así que salimos de la zona.

Apagó la grabadora al tiempo que el vehículo se detuvo una tercera vez.

– Decidme que es alguien todavía vivo.- Se apresuró a decir.

– No lo creo capitán.

El hombre se llevó las manos a la cabeza.

– Creo que es Kate.

– ¿Cómo?

Salieron corriendo hacia el cuerpo. Tras un coche volcado se asomaban unas piernas con el mismo uniforme que estos llevaban.

Se asomaron, y allí, inerte sobre el asfalto y completamente empapado, yacía el cuerpo de Kate Blair.

Guardaron un minuto de silencio por su compañera y apilaron su cuerpo junto al del resto de civiles que habían localizado.

Una hora después, las unidades de Nueva Jersey dejaron los cuerpos en el asfalto e informaron del número total de fallecidos.

El Agente Mathew recuperó su grabadora y presionó una vez más la tecla “REC”

– Hemos encontrado el cuerpo de la agente. Ha fallecido en un intento de rescate de civiles en medio de la tormenta. Número de bajas en el equipo; una. Número de bajas en la ciudad; diecisiete.

Por si te perdiste la primera parte → Cuatro Elementos (Cuatro Accidentes)


Gracias por la visita
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4 comentarios sobre “Cuatro Elementos ~ (Cuatro Muertes)

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