Fantasía·Relatos

Cuatro Elementos ~ (Cuatro Accidentes)

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España 13:17

Vigo

– Sara, ¡no lo hagas!

Una voz gritaba desde la orilla.

– ¡Vuelve!

En el mar, una muchacha nadaba hacia una isla en medio de la ría.

“Puedo hacerlo” se decía a sí misma.

Pero aquel pequeño islote hacia el que nadaba, aparentemente inofensivo, estaba rodeado de remolinos. Dato que nuestra experta nadadora desconocía.

Unos minutos antes:

– Puedo nadar hasta San Simón.

Sara se levantó de la toalla y observó la distancia y el trayecto hasta la isla.

– ¿En serio?

Su amiga Raquel, sentada en su toalla, se giró hacia su amiga.

– ¡Sin duda!

– Eso quiero verlo.

No hizo falta que dijera nada más, la muchacha se adentró en el mar y empezó a nadar.

Al principio todo era aparentemente normal, una muchacha nadando en la orilla. Pero cuando la distancia de separación entre ambas fue notoria, un hombre se acercó a Raquel.

– ¿A dónde va esa chica?

– Hasta San Simón. Dice que puede llegar nadando.

– ¡Como dices!

El desconocido caminó apresurado hacia el socorrista. Raquel lo siguió acosándolo a preguntas. Empezaba a ponerse nerviosa.

– Caballero, ¿Qué sucede?

– Debemos pararla.- Se giró hacia ella.- San Simón está rodeada de remolinos, muchos nadadores han muerto intentando llegar.

– No puede ser.

El señor habló con el socorrista quien corrió hacia el mar en su auxilio.

Raquel lo siguió hacia la orilla gritando el nombre de su amiga y temblando por los nervios.

– Confiemos en que la alcance a tiempo.

– Ella es campeona de natación.

El hombre se llevó las manos a la cara y miró expectante el mar.

– Sara, ¡no lo hagas! – Raquel gritó una vez más, presa del pánico.- ¡Vuelve!

Pero Sara ya no la escuchaba. A medio camino de la isla, intensificó su rapidez, estaba muy convencida de que llegaría. Pero algo no fue bien.

Avanzaba más rápido de lo que nadaba y no tardó mucho en darse cuenta de que estaba siendo arrastrada.

“¿Qué sucede?”  Pensó.

El agua se movía cada vez más bruscamente. Sara paró y observó a su alrededor. Debía reaccionar rápido, puesto que seguía avanzando y no sabía hacia dónde.

“¿Un remolino?”

Dejó de avanzar y antepuso sus piernas a su cuerpo para impulsarse en sentido contrario a la corriente, pero era incapaz. Sus clases de natación no le estaban ayudando. El remolino la absorbía a pasos agigantados.

Su esfuerzo ahora se centraba en mantenerse a flote, por más experiencia que tuviera nadando, entró en pánico. El mar jugaba con ella a su antojo.

Acabó sumergida entre las olas e intentó nadar hacia la superficie, pero era más fuerte que ella. Sus 60 kilos de peso, no eran rival para la fuerza del remolino.

El aire que había absorbido se le agotó y el agua se abrió paso por sus conductos respiratorios. Con unos pulmones incapaces de localizar oxigeno con el que sobrevivir, dejó de luchar.

Pocos segundos después se hundía inconsciente entre la oscuridad marina.

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Corea del Sur 21:17

Busán

1 nuevo mensaje:

“Hoy no iré a cenar”

Una pantalla de móvil se bloqueó en una casa a las afueras de la ciudad. Una mujer preparaba el molde de una tarta mientras el horno se precalentaba.

“Siempre la misma historia” Pensaba.

Su marido, un médico de gran reputación, era una persona muy ocupada y que le dedicaba más horas al trabajo que a su mujer.

Otro día más, MinJee cenaría sola.

La tarta estaba lista para hacerse, la metió en el horno y llenó una tartera de agua. La colocó sobre el hornillo y abrió el gas.

El teléfono de casa sonó, MinJee lo buscó con la mirada y al no encontrarlo en la cocina, apagó el gas y salió al pasillo.

Pero el gas no cesó, aunque la llave se cerrara, este siguió saliendo. Ella ya se lo había comentado a su marido, debían llamar a un técnico, pero como nunca había sucedido nada, no tenían prisa.

– Hola mamá

– […]

– Si estoy sola.

– […]

Creyendo que todo estaba correcto, MinJee se quedó en el pasillo, al teléfono. En muchas ocasiones, al tratarse de un teléfono inalámbrico, ella lo sostenía sobre el hombro con su cuello y así podía seguir haciendo sus tareas. Esta vez decidió prestar atención únicamente a la llamada. Pero en la cocina, a medida que el tiempo avanzaba, el gas seguía saliendo.

– No, hoy no va a venir, cenaré sola.

– […]

Caminaba por el pasillo de un lado al otro. Su madre le preguntó por su marido, algo muy común en ella, siempre preguntaba por el exitoso médico y después con menor ansia, por su hija, la ama de casa que había conseguido estar donde está por el marido que tenía. La conversación se alargó una hora. MinJee ya no podía más, si el interés de su madre era por su marido, que lo llamara directamente a él.

– Bueno, es que iba a preparar la cena. ¿Por qué no os venís vosotros?

– […]

– Él no va a salir antes del hospital mamá, incluso si le digo que vamos a cenar con vosotros.

– […]

– Vale, hasta mañana.

Colgó el teléfono con frustración y lo dejó sobre la mesa. Alzó la mirada y observó su rostro en el espejo.

“¿Por qué nunca quieren estar conmigo si no está él?” “¿Qué estoy haciendo mal?”

Decidió desprenderse de aquellos pensamientos y hacer la cena.

La mujer entró en la cocina preparada para poner a calentar el agua. Observó el móvil en la encimera y lo desbloqueó.

1 nuevo mensaje:

“Hoy no iré a cenar”

Enviar:

 “Como veas”

Lanzó el móvil y cogió un mechero. Estaba tan sumida en sus pensamientos que no se dio cuenta del olor, o quizás no lo notó.

“Cada día es lo mismo, ¿Por qué nos hemos casado si ahora no está a mi lado?”

Abrió el gas de nuevo, encendió el mechero y lo acercó al fogón.

Pero no hizo falta siquiera pegarlo. A poca distancia del hornillo la llama del mechero explotó y una llamarada se apoderó de MinJee, al inspirar aquel fuego, perdió la consciencia y cayó al suelo.

Se despertó poco después, ahogada por el humo que se estaba propagando por la estancia. Las llamas rodeaban las paredes y el techo. Tosió fuertemente y su garganta empezó a irritarse, necesitaba coger aire limpio para poder dejar de toser. Pero no era capaz de levantarse, poco después el humo se apoderó de sus pulmones y cayó desmayada.

El fuego no cesó, y poco a poco las llamas consumieron la casa con MinJee dentro.

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Brasil 08:17

En algún lugar del Amazonas

Un grupo de excursionistas se adentraba en el espeso bosque amazónico, liderados por un guía experimentado y buen conocedor de la zona.

Paulo, junto a su novia, seguían al grupo.

Ellos también conocían aquella área. Solían ir con excursiones a las que perdían la pista porque se desviaban en busca de nuevos lugares que explorar.

Habían inspeccionado más veces aquel bosque, por lo que, tras un largo camino junto al grupo, decidieron escoger una nueva senda por la que desviarse y explorar solos.

Atajaron por un camino para llegar a un nuevo punto en el que observar la naturaleza.

– Ten cuidado.

– Tranquilo Paulo, hemos estado aquí más veces.

– Eso no importa. La naturaleza está viva.

– ¿Tienes miedo? – La muchacha se rio.

– ¡No!. Es sólo que debemos ser cautos. Podemos herirnos y no habrá nadie para ayudarnos.

El camino era espeso. A medida que avanzaban necesitaron utilizar sus cuchillos para cortar las ramas y hacer una senda.

Paulo era un alma aventurera que tuvo la suerte de toparse con su incansable novia, a la que pronto contagió su curiosidad por explorar nuevos lugares.

Pero ella no era tan consiente de los peligros que la rodeaban. A menudo, Paulo debía liderar el camino para seguir la ruta más segura.

Sin embargo esta vez, la que tomo las riendas fue ella, y nada más que en el bosque del amazonas, donde el peligro es aún mayor.

El camino empezó a complicarse, así que ella se desvió por otra ruta donde los árboles eran enormes y podían caminar bajo sus copas sin tener que cortar las ramas de los arbustos a cada momento.

– Debemos dar vuelta.

– ¿Por qué?

– Esta zona no me parece segura.

– Ay Paulo, déjalo ya. Estamos en un camino con buena visibilidad. ¡Es perfecto!

Sin embargo él observaba las raíces desnudas de aquellos árboles, parecía como si hubieran estado desenterrándolas.

– Aquí han cavado algo.

– ¿Qué dices?

– Este lugar no es seguro.

– ¡Basta! Estás paranoico.

Avanzaron un poco más por aquel tramo. Caminando sobre las raíces y saltando entre unas y otras.

Paulo miraba alrededor, dudaba que estuvieran solos, los nervios empezaron a invadirlo. En aquel instante supo que debió marcar la ruta desde el principio.

Pero por más que advertía a su novia y le pedía que dieran la vuelta, esta no escuchaba y se limitaba avanzar.

Llegaron a un punto en el que dos de los árboles, se encontraban a una gran distancia y sus raíces estaban también muy separadas. Tenían dos opciones, saltar de una raíz a la otra o bajar y caminar por la tierra.

Sin pensárselo ella saltó.

Tuvo éxito y descendió ágilmente sobre la raíz del árbol siguiente. Sin embargo Paulo, no tuvo la suerte de llegar al otro lado.

Seguía nervioso por sus sospechas de que pudieran estar siendo observados. Cogió carrerilla y se impulsó para saltar, pero tropezó.

Se cayó bruscamente entre las raíces de los árboles, en su descenso se golpeó fuertemente la cabeza y se quedó inconsciente sobre la tierra.

– ¡Paulo!

Ella bajó a socorrerlo, pero antes de poner un pie en la tierra, esta se hundió en un hueco parecido a una trampa y entre ella se cayó el hombre.

– ¡Meu Deus!

La muchacha corrió en busca de ayuda y Paulo se quedó inconsciente en aquel lugar, sepultado bajo aquella capa de tierra.

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Estados Unidos  07:17

Nueva Jersey

La ciudad estaba vacía. Importantes vientos y olas se abrían paso por ella sin dificultades para entrar.

Los medios habían informado a los ciudadanos, un huracán se aproximaba e importantes tormentas y mareas azotarían la costa este, por lo que la gente debería evacuar toda la zona.

Los negocios se vieron obligados a cerrar  y las clases se cancelaron, poco a poco las calles se quedaban desiertas. Pero, como siempre, quedaban rezagados. Personas que, creían que el huracán se quedaría en las proximidades de la costa y que no llegaría a entrar.

Eso los ponía en peligro y también a los cuerpos de seguridad, quienes debían patrullar las calles para ayudar a cada persona que pudiera quedarse atrás.

La agente Blair, corría sin descanso por la ciudad, buscaba transeúntes perdidos o desorientados.

Los fuertes vientos la impedían avanzar sin desequilibrarse, la lluvia azotaba con fuerza y las mareas estaban inundando considerablemente las carreteras.

Cerca de la costa, ciudadanos que habían intentado grabar el fenómeno meteorológico, se aferraban a las barandillas para no ser arrastrados por los vientos.

– Necesito refuerzos.

Pidió ayuda a las patrullas del cuerpo de seguridad y poco después recogieron a aquellas personas. Con mucha dificultad consiguieron acercar el vehículo a donde ellos estaban.

Los vientos crecían y los arrastraban.

– Agente Blair, ¡suba al vehículo!

– ¡No!, ¡Debo continuar con la búsqueda!

– ¡Admiro su dedicación, pero apenas nos podemos mover por aquí! Debemos avanzar hacia el interior, ¡Súbase al vehículo!

Frustrada, acabó cediendo ante las palabras de su compañero. Se dirigió al automóvil como pudo. Pero no a mucha distancia de este, el tronco de una palmera se desprendió y la azotó en el pecho. La fuerza del viento era tal, que salió despedida.

– ¡Agente Blair!

Cuando se despertó estaba sola en medio de la tormenta, le dolía el tórax y le costaba respirar. El tronco  había caído no muy lejos de su posición. Se levantó con fatiga y dolor. Miró alrededor en busca de ayuda pero no encontró a nadie.

Un grito a su espalda la alertó.

Una mujer había sido arroyada por los escombros que habían caído de un edificio. Kate corrió hacia ella e intentó, como pudo, quitarle los escombros de encima, sin éxito.

– Ayude a mi hijo.

– ¿Cómo?

– Estábamos en casa y se ha escapado. ¡Estaba aterrado!

– ¿Por qué no han evacuado la zona?

– ¡Ayúdelo!

– ¿Dónde está?

La mujer, tendida en el suelo, extendió el brazo hacia su derecha.

Kate observó la costa. Supo que si conseguía encontrar al muchacho, ambos podrían esconderse y resguardarse, pero no podría volver a por su madre. Sin embargo, en caso de no encontrarlo, ninguno de los tres sobreviviría.

– ¡Si la dejo aquí, se morirá!

– ¡Encuéntrelo se lo ruego!

El agua cubrió a la señora, mientras Kate corría en dirección a la costa.

No había rastro del muchacho, pero encima del mar y aproximándose, contempló el verdadero peligro acechándola.

El ojo del huracán, una fuerza que arremolinaba viento y agua. Estaba sentenciada, nunca podría salir de aquel lugar antes de que la alcanzara.

Se tiró al suelo antes de que la alcanzaran las ramas de un árbol. Carteles publicitarios y señales de tráfico eran también arrastrados por los vientos.

Por más que miraba alrededor no había rastro del niño

Se levantó poco a poco esquivando los objetos y aquella fuerza empezó a arrastrarla. Luchó contra ella todo lo que pudo pero no era suficiente.

No podía seguir buscando al muchacho, no sobreviviría a aquello. Necesitaba encontrar un lugar en el que resguardarse. Empezó a caminar en contra del viento.

Pero la fuerza de la corriente podía con ella, la empujaba hacia atrás más y más. Era inútil caminar.

Se agarró a una barandilla una vez hubo alcanzado la costa tras ser arrastrada. Aguantó unos minutos allí, luchando por sobrevivir, pero su fuerza amainó y el viento la arrastró.

Unos segundos después el huracán la engulló.


Gracias por la visita
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